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La lectura era interesante. Pero habían pasado unos días y, entre fiestas, enredos y olvidos, lo había ido dejando. Me iba a poner a ello. La novela lo merecía, sin duda. Pero, de nuevo se metió en mi cabeza otra idea mejor. Hacía tiempo que no confraternizaba con los pesados del club de paddle. Les mandaría un whatsapp. En esto, saltó un mensaje en el móvil. No conocía la identidad del usuario. Ni tampoco aportaba foto alguna. Me pedía que fuera a la página 78....

Inspiró con fuerza. Una hache como ella, tan sobrada de facultades, pero no inmune al sobresalto, debía tomar sus precauciones. Igual no era la mejor decisión, pero optó por sentirse valiente y galopar sobre su propio coraje. En fin, tomó impulso sobre su "a" compañera, sin rozarla. Dejó de ser "ha" para convertirse, en un vuelo desmesurado, en algo que solo dejaba ver una "a" solitaria. Tras el gran salto, en realidad no se alejó demasiado, y gritó en el último...

Colaborador desde casi los inicios de esta revista Javier Bocadulce Carrero nos ofrece regularmente microrrelatos mínimos, lecturas de menos de un minuto , pero que dan que reflexionar mucho tiempo. Aquí os ofrecemos un par de ellos...

Amanecer

 El amanecer lo dibujan las patas de un gato, saltando entre las azoteas. El sol se despereza y sonríe a las aves, que se acercan aún entumecidas por el betún frío de la noche, removiendo gozosas sus alas, en pos del calor d...

 Sentado sobre el pecho del gigante, el niño asciende y desciende, al compás de su respiración. Reflexiona sobre el futuro, esa cosa tan lejana aún. El gigante comienza a hacerse más pequeño, y el niño frunce el ceño. Conforme el mundo se hace maleable y su imaginación se precipita, alejándose de él, el gigante se hace más diminuto, pero sigue siendo su padre, y el mundo se ve inmenso.

Javier Bocadulce es uno de nuestros más activos microrrelatistas, del cual os traemos en este post varias de sus creaciones, para que disfrutéis del placer de la lectura breve.

‘Bruma’

Se levantó muy deprisa de la cama, arrojando sábanas y mantas al suelo, en su carrera hacia la ventana. Fue una intuición lo que lo lanzó fuera del sueño. Subió la persiana con un tirón agresivo. Los cristales llenos de vaho le hicieron sentir ciego. Abrió ventana y contraventana. Al...

Era bastante temprano. Lo sé porque, al abrir la puerta, la luz del mundo aún estaba desperezándose. De cualquier forma, lo vi allí de frente, concentrado en lo que fuera, muy ensimismado. Me miró, y vi que se parecía muchísimo a mí. Bueno, ¡qué digo! Es que era yo. Lo que aún no sé es qué hacía yo dentro de casa.

Despierto. Es lo que parece, pero ya no es lo mismo. Tiene la textura, pero yo sé que no lo es. Incluso puedo decir que es más brillante, más hermoso y más nuevo. Es todo diferente. Puedo respirar como antes. Pero no es igual. Quizás no haya límites. Depende de mí, de seguir fomentando esta diferencia. No puedo salir del sueño. Uno conduce a otro, a cuál más espectacular. La espontaneidad desapareció entre mis neuronas. La nave la dirijo yo. Lo invento y lo imagi...

Caperucita cogió el lápiz y dibujó un sendero. Lo rodeó de maleza y se introdujo en él. Continuó dibujando, mientras avanzaba. El lobo husmeaba. La abuela pasó la página y Caperucita apareció en el reverso, mostrando un rostro aterrorizado. Tras ella, una sombra oscura revelaba unos ojos inmóviles y brillantes, rodeados de una espesa mata de pelo. La abuela agarró a la niña por sus manos dibujadas, y la arrastró hacia fuera, dejando que los colmillos del lobo sol...

Empujaba la chapita de cerveza, adornada con un dibujo de futbolista de aquellos años, hacia la línea trazada sobre el suelo, unos metros más allá. La penumbra del pasillo se agolpaba junto a la línea. " Si llego de tres empujones, se decía, "mis deseos se cumplirán ". Magia infantil de entretenimiento. Esas cosas que decíamos cuando jugábamos en soledad. Con el segundo envite, la chapa quedaba muy cerca del objetivo. " No vale pasarse, o perderé ". Con mucho tac...

Le dolía un mundo, un universo, mil vidas. No, le dolía una vida. Una como la suya. Y no iba a cesar. Era su agonía del juicio; la de la muela que lleva esa descripción que avasalla, rinde y humilla. La muela del juicio, que ensucia el horizonte infinito de un hombre nacido para no morir. El juicio definitivo para un vampiro como él.

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