sicifinews logo.jpg
logo camarote.jpg
BANER HORIZONTAL.jpg

Relato de ciencia ficción : Visita inesperada






—¿Qué es ese escándalo?

—Usted perdone, pero la verdad es que tiene todo esto lleno de trastos.

—¿Qué hace usted en mi sótano? —preguntó la muchacha.

—Estaba viajando con el TUP… —aclaré.

—No sé qué es un tup de esos…

—Bueno, es algo que sirve para viajar, está claro.

—No me cambie de tema, le repito, ¿qué hace usted en mi sótano?

—Diría que he caído por accidente aquí…

—¿Cómo ha entrado en mi casa?

—Se lo acabo de explicar.

—No tiene ningún sentido, aquí en el sótano las ventanas son muy pequeñas para que pueda pasar alguien de su… “envergadura”.

—Sí, tiene razón, tengo que hacer más ejercicio. Pero usted podía tener esto un poco más arreglado, que con tanto cacharro viejo no hay quien se mueva…

—Encima que entra en mi casa quien sabe cómo, se pone a criticarme, abrase visto…

—Empezó usted primero hablando de mi “volumen”.

—Usted mismo lo reconoció que tenía que hacer más ejercicio.

—Cierto, cierto. Usted perdone.

—Un momento… ¡Dios bendito! ¿Y sus brazos?

—¿Mis brazos?

—Sí, sus brazos.

—Pues aquí… No suelo perder nada… Habitualmente… Bueno, yo a veces sí…

—¿A veces sí qué?

—Me pierdo… Quiero decir, que no suelo perder partes de mi anatomía, normalmente, pero yo sí que me suelo perder… Pero me suelo perder yo entero, vamos… No sé si me explico…

—Todo esto es muy raro…

—No sé, yo siempre he tenido los brazos, para mí es normal…

—Hablo en general.

—Un momento… Ahora que me fijo, ¡usted tiene cuatro brazos!

—Es lo que le estaba diciendo, ¿dónde están los dos brazos que le faltan a usted?

—No me faltan, siempre he tenido dos, no más… Que yo recuerde vamos.

—Pues por aquí lo normal es tener como mínimo cuatro…

—¿Como mínimo?

—Bueno, que todos nacemos con cuatro brazos… Pero puede ocurrir un accidente y alguno perder alguno de sus brazos… Pero vamos, lo normal son cuatro. Quizás me he expresado mal.

—Debe ser algo típico de este planeta. Tiene usted apariencia humana, salvo lo de los brazos, claro. Y muy buena apariencia por cierto…

—¿Este planeta? ¿Ahora me dirá que usted es un ladrón de otro planeta?

—Está claro que no soy de aquí, ya ve que no tengo los cuatro brazos habituales… Y no es por qué perdiera dos de ellos…

—No puede ser, ¿y su platillo volante?

—¿Platillo?

—Su nave espacial…

—Ah, eso, ahora no sé por qué con lo de platillo he pensado en comida…

—Ya está usted de nuevo cambiándome de tema…

—No, no, ya le dije que vine con el TUP.

—¿Es una especie de nave invisible?

—Pues no.

—Mm, podría ser que su nave fuera pequeña y la hubiera ocultado…

—Sí, el TUP es pequeño, así es.

—No, no puede ser… Usted como le dije antes, tiene bastante… “envergadura”, está claro que necesita una nave grandota para poder caber…

—Ya estamos de nuevo. Que si el Jim está gordo, que si el Jim no entra por la puerta, que si el Jim no entra por la venta…

—¿El Jim?

—Ah, sí, me llaman piloto Jim.

—¿Piloto?

—Sí, una especie de piloto espaciotemporal, digamos.

—Ah, que encima viene usted de otro tiempo.

—Bueno, todos en general viajamos continuamente por el tiempo. No es que venga yo de su pasado…

—¿Viene del futuro? ¿En el futuro solo tendremos dos brazos?

—No, no, tampoco. Vengo de otra realidad.

—Sí, usted habla como si viviera en otra realidad, eso sí.


Entonces llamaron a la puerta.


—No se mueva, voy a ver quién es —dijo la chica subiendo por las escaleras.


Al cabo de unos pocos minutos bajó de nuevo la chica, esta vez acompañada de un señor con traje y gafas de sol.


—¿Y este quién es? —preguntó aquel señor.

—Mm, esto, es mi marido.

—Ah.

—¿Y usted quién es? —pregunté yo.

—Como le comentaba a su señora, soy del FBI…

—¿Aquí también hay FBI?

—¿Aquí?

—Quiero decir, aquí, como es que han venido a aquí, los del FBI.

—Como le decía a su esposa, hemos detectado por esta zona unas fluctuaciones espaciotemporales.