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Relato de fantasía :'Nadia y las florentinas'


Para mi hermosa hija Sara:

Hola hermosa, sé que no te he vuelto a ver, y prometo que toda mi vida te voy a buscar, publico esta nota esperando que algún día la veas y conozcas todo lo que he pasado y el bello futuro que te espera.

Mis intentos por encontrarte fueron arduos y pesados, pero como siempre, nunca me he rendido, hice todo lo que está en mis manos para presionar a la policía municipal, estatal y federales, hable con el gobernador e incluso contraté tres investigadores privados, pero mi vida se estaba arruinando, estaba en quiebra y mi corazón sentía que un día iba a dejar de latir porque no podía hallarte.

Entonces recurrí a las florentinas, una comunidad que encontré en internet y se dedicaban a la investigación de cosas sobrenaturales, mi amiga Carlota me introdujo a su amiga, y su amiga a otra amiga y pronto me vi envuelta con ellas, y bien, ¿qué tiene que ver eso contigo?, pues el grupo era en realidad una sociedad enfocada en el esoterismo donde investigaban todas las cosas mágicas que existen en el mundo, y entre esas cosas siempre han sostenido que tienen la capacidad de encontrar respuestas, y eso era precisamente lo que yo necesitaba, respuestas sobre ti, ya que había perdido todas mis esperanzas en la parte legal que no hacían nada por encontrarte.

Carlota, Estefanía y Julieta se convirtieron en mi grupo de apoyo personal, y nos embarcamos a un viaje por la huasteca potosina con muchos compañeros, me prometieron que existía la posibilidad de encontrar respuestas en esos lugares mágicos, y a mi corazón ya solamente le quedaba la esperanza, así que acepté.

El primer lugar que visitamos fue el jardín surrealista de Las Pozas, un lugar totalmente mágico que daba la impresión de que un duendecillo o un aluxe aparecería de pronto en una esquina, recuerdo que tomé muchas fotografías y me causaba gran intriga la naturaleza mística de esa maravilla.

Carlota me llevó con ella y me miró fijamente, yo no sabía que tramaba, Estefanía y Julieta llegaron por detrás y con unas hojas de los árboles me embarraron la espalda de algunos polvos de objetos del lugar, no comprendí, pero ellas sonrieron y continuaron paseándose por el jardín.

Continuamos nuestra aventura y fuimos a otros lugares más, pero hubo algo que llamaba mi atención, ya que los demás no iban con nosotros y cada vez éramos menos los que íbamos en el camión. Carlota dijo que no me preocupara, que ella y todas las florentinas me cuidarían.

Una noche me despertaron y me llevaron a un lugar en Aquismón, le llaman el Sótano de las Golondrinas y es famoso porque al amanecer miles de aves entre vencejos y cotorras salen en espiral para esparcirse por todo el lugar, es un momento mágico según me habían platicado, y yo no podía contener la emoción.

No quiero que por ningún momento creas que me olvidé de ti, incluso en esos pequeños rayos de alegría que llegaban ocasionalmente a mi alma, siempre estaba pensando en ti, y recuerdo justamente que estaba pensando que el día que te encuentre te llevaré a visitar ese lugar.

En fin, el primer rayo de luz salió y pronto comenzó a amanecer, fue entonces que miles de aves comenzaron a hacer su recorrido increíblemente organizado por los cielos, y yo estaba ahí en la orilla, observando.

En un momento, Julieta me empujó al abismo de más de trescientos metros de profundidad, y asustada en lo que creí mis últimos momentos de vida pensé en ti y lloré por sentir que te había fallado, pero increíblemente nada me pasó, había sido elevada por los aires por varias decenas de vencejos y mi cuerpo comenzó a cambiar, a brillar y a sentir que podía flotar.

Carlota y las florentinas entonces cambiaron su apariencia y me di cuenta de que eran hadas, me miraban sonriendo y me dijeron que yo era una de ellas, entonces más y más criaturas pequeñitas aparecieron frente a mí.

Una de ellas, más brillante e imponente que el resto se acercó, usaba ropas bañadas en oro y una exquisita diadema de orquídeas, me felicitó por encontrar a mi ser verdadero y me dio un regalo, me dijo que podía preguntarle cualquier cosa del universo, y ella podía usar su magia para contestarla con un “sí” o un “no”.

A pesar de mi estado de conmoción, reaccioné de manera inmediata y pregunte que quería saber si estabas viva, ella entonces sonrío, lanzó unos polvos al aire y me contesto que sí.

Mi corazón explotó de alegría y mi alma casi sale de mi cuerpo, era un momento de extrema felicidad, mis ojos se llenaron de lágrimas y me prometí más que nunca que te iba a encontrar.

Hoy en día me he acostumbrado más a mi nuevo cuerpo que se transforma y a comprender un poco más de este mundo mágico, pero quiero que sepas que estés donde estés, y sin importar por lo que hayas pasado, siempre hay una luz en tu camino y siempre puedes creer en la magia, ya que tú misma también eres como yo. Espero esta carta sirva para encontrarte y algún día nos volvamos a abrazar.

Atte: Mamá

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