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Relato de lectores: 'Zarpazos'

 

 

 

 Yo soy blanco, soy negro, amarillo marrón y a veces de rayas que me cruzan la frente como un buen criminal. Lo vi meterse en la casa del frente o al menos así vieron mis retinas. Fue de noche, yo, acodado en mi balcón, él, husmeado sobre los cuartos. Me dijo que vio una parejita haciendo cosas en la cama. Quedó impresionado y a la vez rióse de aquel acto tan ilusorio como furtivo. Ellos se van pero a la cama siempre vendrán otros amantes. ¡Qué importa! Me comen las uñas, me lamo el cuerpo amarillento repleto de arañazos nocturnos. Siento que voy a salir volando por los aires al ver esta gente en su cuarto de luces mortecinas agitando sus pelvis: ¡Rico! ¡Rico! ¡Dale y no pares jamás! Te amaré toda la vida Todos los años los meses y los días Mientras pueda latiiiirr mi corazooooonnnn…. Sonó a volumen bajo un bolero de aquellos que golpean el alma. Tuve una extraña sensación hasta no poder distinguir si soy el que estuvo acodado en el balcón o el que se lame las uñas en el cuarto donde copulan y se endilgan promesas insulsas con aquellas palabritas propias de las consultas psiquiátricas: siempre, todo, nada, nunca y jamás. Pegué un brinco no sé si desde el balcón o desde la oscuridad del papel, las estrellas de la noche al menos parecieron mirarme al igual que una lucecilla roja titilando en lo alto de una torre, cansado de la rutina, olisqueando entre susurros jadeantes, cayendo de estrépito sobre ésta gente sudada. La mujer, con sus piernas abiertas, dispuestas a tragarse el mundo, pegó un grito fabuloso: –Aaaaaaaayyyyyy….. Papi –vociferó la hembra–, es un animal lleno de escamas y uñas, qué riiiicoooooo y mi estorbo de viaje hoy. ¡Divino! –Mi amor –añadió el galán sorprendido– es un maldito gato. ¡Agárralo! ¡Fuera de aquí felino al carajo! El sujeto, alto, de bigotes negros, cejijunto, prendió en cólera y se levantó a encender las luces. Yo, entre las piernas de la mami olisqueaba una gruta de hedores poco limpios y mis pezuñas relamidas en sangre quedaron. Brinqué otrora hacia un clóset. La mujer abierta de par en par, el hombre primero me apuntó con un libraco lanzándomelo sin piedad mientras yo me escabullía entre las sábanas ensangrentadas. La biblia, vi la portada. –¡Wuiiiusss! ¡Wuiiiiuussss! –Bramé reiteradamente en el brinco. –¡Mátalo! ¡Por favor! –Susurró la fémina en sus últimos aires. Sonaba el estribillo de la misma canción: Te amaré toda la vida Todos los años los meses y los días Todas las horas y todos los instantes Mientras pueda latiiiirrr mi corazoooooonnnnn…. –Se metió en el armario –gritó la adúltera quien se había metido la biblia entre sus piernas– ¡Mátalo! ¡Mátalo! Estoy desangrándome, me voy, me voy, Pensé que era tu… En medio de ropas, medias, afiches, carpetas, relojes, perfumes y fajos de billetes traté de ocultarme. Mi lengua ríspida volvió a lamer mis pezuñas y la sangre cayó en mi garganta con brutal divinidad purpurina. La mujer yacía tendida en la cama con las sábanas ensangrentadas y su caverna milagrosa como carne mechada quedó, porque cuando salté caí en esa selva de bellos achicharrados con mis filosas garras. –¡Maldito gato! Te voy a matar –Gritó el hombre enardecido– al ver muerta su concubina, una chancera de a cinco lochas. Sentí el clic de algo que sostenía la mano del sujeto pero yo también me había montado sobre otro gatillo de una varita de madera que colgaba en el closet, y para cuando el hombrecillo abrió el armario volví a brincar: ¡Booommm! Sonó un plomazo de aquella varita mágica con que apoyé mi brinco de sangre gatuna. Me levanté nuevamente. El sujeto cejijunto tenía un boquete en medio de su barriga. Lamí el gatillo para que los forenses no me acusasen en la fiscalía. Los gatos de allí son otro emplasto de baratas lecturillas. Brinqué sobre los cuerpos exánimes marchándome al instante no sin antes orinarme sobre el sujeto y el librito que estaba en la abertura de la hembrita. Eso les pasa por retarme a mí que soy camarada de las techumbres nocturnas –pensé– en el balcón esperando otra noche por venir. Ya aprendí lo que es un bolero en la cama de otro

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