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Microrrelato 'Consciencia'

19/06/2017

 

 

 

Y, después de todo, no fue el experimentado mago quien llegó al final de la jornada. Ni siquiera el poderoso caballero, quien se sacrificó por sus compañeros. La aparentemente frágil princesa Orilga sostenía la espada azul en la cima de la Torre. Frente a ella, la anciana bruja contemplaba la tormentosa noche, dándole la espalda a la princesa. La joven estaba agotada por el terrible viaje que inició... ya no se acordaba cuándo. La anciana bajó un momento la cabeza y volteó a ver a la princesa. Los ojos saltones y la faz extremadamente arrugada de la bruja eran suficientes para cortar la respiración de quien se le acercara. No había odio en su mirada, ni rencor ni venganza; tan sólo la Oscuridad Infinita que desbordaba de ella. "Vaya, eres tú quien ha llegado hoy". Orilga no podía escuchar bien las palabras de la bruja, en medio de la tormenta, y alzó la espada, lista para librar la batalla que definiría el destino del reino. Sin embargo, la bruja se limitó a sentarse y a sonreirle tristemente a la princesa. "Todavía no sabes de qué se trata el hechizo, ¿verdad?". Orilga, confundida y cansada, bajó los brazos "Tú mataste a mi padre, y quieres controlar el reino con tu maldita magia". "Me atribuyes más poder del que realmente tengo; yo no controlo nada, soy exactamente como tú... una marioneta de poderes superiores". "¿Marionetas? ¿de quién?". "Algunos, le llaman Dios, otros le llaman el Todo, pero yo sé su identidad verdadera... Él es... El Autor... ¿No es así? ¡Respóndeme, tú, inútil, allá afuera...". Desviando su mirada de la pantalla del ordenador, el escritor se frotó los ojos y se volvió a prometer que los villanos que creaba no tendrían más voluntad y personalidad que él...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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