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Te regalamos un teléfono móvil... (y resulta que al final de todo, el que es regalado eres tú)

20/11/2017

 

 

 

 

Guardián de todos nuestros íntimos secretos lo protegemos con claves y patrones, sabiendo que no habría relación amorosa o amigable que aguantase una jornada de móviles abiertos.

 

Cuando Julio Cortázar escribió su famoso (y genial) relato sobre las Instrucciones para dar cuerda a un reloj no sabía que, algunos años más tarde, otro artilugio infinitamente más enrrevesado ocuparía  hoy el lugar de honor del cronográfico objeto de su relato, haciendo que este tenga, aún hoy en día, una inquietante validez . 

 

Si no lo conoces vale la pena leerlo. Y si lo conoces también. Así que lo reproducimos:

 

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."

 

Julio Cortázar (1914-1984)

 

Contemplamos con estupefacción que hoy en día (2017) cuando alguien te regala un teléfono móvil también te está regalando una relación muy especial, que te lleva a  consultarlo cada diez minutos. Te regala estas cinco o seis noticias indignantes al día que aparecen para ti en su iridiscente pantalla y que  merecen un airado comentario por tu parte, (tiempo que te priva de contemplar la alegre sonrisa de ese niño que acaba de pasar a tu lado) o al menos un mísero  'me enfada' . 

 

Te regala la necesidad de alimentarlo a diario (si supiesen el poder que tienen los cargadores de móvil, estos dominarían el mundo) y el peligro de caer en la más profunda de las tristezas si no encontramos, antes de que apague sus hipnóticos  brillos, un enchufe accesible. Te regalan el miedo a perderlo, a que se caiga, a que te lo roben, a que se cuelgue, y (esto es lo peor) a que se quede totalmente obsoleto y sea repudiado por humanos y Apps a partes iguales. 

 

Guardián de todos nuestros íntimos secretos lo protegemos con claves y patrones, sabiendo que no habría relación amorosa o amigable que aguantase una jornada de móviles abiertos. 

 

Pero toda esta privacidad es para los mortales. Todos nuestros movimientos son conocidos por las altas esferas, por inteligencias artificiales que a cada segundo van escupiendo publicidad anticipándose a nuestros deseos. Tu teléfono y tú sois inseparables, te despierta, coméis juntos y trabajáis juntos, y por supuesto duerme plácidamente a tu lado mientras ambos reponéis fuerzas ( pronto veremos que también entraran en nuestros sueños).

 

En nuestro móvil colocamos las fotos de nuestros seres queridos de fondo, confundiéndose el amor a la persona con el amor al soporte en el que se halla digitalizada.  Es tan segura nuestra relación que todo el marketing que se basa en la geolocalización supone por ende que la persona no anda lejos de su amado dispositivo. No concibe que lo abandonemos en un cajón de Villar del Arzobispo (provincia de Valencia)   por un mes mientras nosotros estamos solos  sin nuestra carga tecnológica de viaje por las islas Bahamas. No.

 

Cuando nos regalan un móvil nosotros somos los regalados. Y lo mejor de todo es que esto que te he contado ya lo sabías de antemano, e incluso es probable que estés leyendo esto desde tu amo, perdón, tu teléfono, y viendo alguna publicidad asomar por ahí (por cierto haz click que de eso comemos nosotros) . 

 

Así cuando te digan que 'Te regalamos un móvil' puedes contestar 'No gracias, quiero ser siendo un hombre libre'. Aunque hay amos y amos, por un Iphone nosequé de última generación muchos nos volveríamos otra vez esclavos y presumiríamos estar  orgullosos de ello...

 

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