IMÁGENES:  Todas las imágenes que ilustran los artículos y relatos de esta web y sus publicaciones son propiedad del autor de las mismas, así como las marcas comerciales y logotipos son propiedad de las empresas o personas a  nombre de las cuales están legalmente registradas y son reproducidas aquí solamente con el fin de ilustrar una reseña, crítica o análisis de las obras a las que hacen referencia. El Club de la Fábula no tiene relación alguna con el productor, productora o el director de la película, editor o autor del libro y de la portada del mismo. El copyright del poster, carátula,portada, fotogramas, fotografías e imágenes de cada DVD, VOD, Blu-ray, tráiler, libro, cómic  y banda sonora original (BSO) pertenecen a las correspondientes editoriales, autores, productoras y/o distribuidoras.

  • Facebook
BANER HORIZONTAL.jpg

Microrrelato 'El Espejo del Tsar'

05/01/2018

 

Lo primero que llamó su atención de la nueva casa fue el espejo de la antesala: un armatoste de principios del siglo XX ataviado con alejandrinas y tallado en caoba de un pinar sueco. Obsesivo hacía una pausa y miraba su reflejo cada vez que pasaba por la pared donde este colgaba. No podía creer lo intachable que se veía en él. Esa misma noche, ya echado en su cama, el sueño le era esquivo. Algo dentro de sí lo perturbaba; cierta cosa del lugar no terminaba de encajarle. Bajó hasta la cocina por un vaso de agua y se tomó un par de píldoras que sacó de la alacena. Esperó un rato… La calma no llegaba. Resignado y camino a su recamara, decidió hacer un desvío y pararse una vez más frente a aquel espejo. Esta vez se llevó una sorpresa, quedó petrificado. No había un otro yo correspondiéndole. Empezó a hiperventilar y, tras un estrepitoso alarido, empapado en sudor cayó inconsciente al piso. A la mañana siguiente alguien llamaba a la puerta. ¡Pum!, ¡Pum!, ¡Pum!, resonaba con fuerza la aldaba de bronce. Era su vecina, quien venía a darle la bienvenida. Pero al no recibir respuesta alguna, decidió entrar de rondón. Fue hasta la cocina y dejó los pasteles de avellana que traía consigo. De salida, se detuvo un instante en la antesala. Un bello cuadro la adornaba. La imagen: un hombre de mediana edad mirándose frente a un espejo bañado en piedras preciosas y tallado en lo que parecía ser caoba de un pinar sueco. Al fondo, una mujer con una canasta de mimbre vacía observándolo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Please reload

BANER HORIZONTAL.jpg
Please reload