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Tu Errero

08/02/2018

 

 

Te preguntas qué has hecho, si de verdad eres tan estúpido como para haber hecho lo que has hecho, hasta qué punto eres necio. Sabes que la respuesta siempre es “sí” y te maldices por ello. Pero maldecirte no será suficiente. Recuerdas que vivías en la zona norte de Macrópolis, caminabas sobre el hollín de las fábricas y comías levaduras rancias. Pero eso no te importaba porque tenías una familia. Conociste a la que sería tu esposa en una cena de la comunidad de la barriada. Eras joven y acababas de entrar en la fábrica de motores de los Diethart, así que tenías algo de dinero. Ella era una muchacha escuálida que trabajaba en un taller de ropa donde ganaba una miseria, miseria que gastaba en droga soma, motivo de su escualidez. No sabes por qué pero te esforzaste en ayudarla a salir de aquella adicción. Tú subiste algo en tu trabajo y ella encontró otro mejor. Os casasteis y mudasteis a un piso estrecho y sucio que tuvisteis que limpiar de hollín y gases de combustión. Allí fueron naciendo vuestros hijos. Trabajabas montando motores que emitían gases ante los que no teníais ninguna defensa e hicieron enfermar a muchos de tus compañeros, muchos no los volviste a ver. En casa teníais que comer levadura y pescado desecado y hervir el agua para no enfermar, pero eras feliz. Conociste al científico, a Stratton, durante un agotador día de trabajo. Era un tipo de aspecto impecable, no parecía rico pero tenía mucho mejor aspecto del que tú tendrías nunca, fue eso lo que te hizo desconfiar de él. Te habló sobre mejoras en los motores, sobre geles y hollín. No comprendiste nada, te limitaste a asentir como haces con todos los que te parecen tener poder. Pasaría una semana antes de que volvieras a coincidir con Stratton. Dijo que necesitaba la ayuda de un trabajador para algo y que te habían elegido a ti, así que debías salir de la cadena de producción para seguir sus órdenes. Colaboraste un tiempo con él trabajando con los motores que fabricabais. Stratton te mostró un gel trasparente y te pidió que le ayudaras a meterlo en los engranajes, accediste porque no te atrevías a cuestionar a un superior, en realidad no comprendías ninguno de los discursos del científico sobre que eso ayudaría a los trabajadores de la fábrica. Tú volvías a tu casa con tu mujer e hijos y hablabas con ella sobre poder mandar a los niños a la escuela para que no fueran analfabetos como vosotros, quizá así podrían conseguir salir de los barrios bajos insalubres. Para eso tu trabajo era completamente imprescindible, no había otra forma de ganar el dinero necesario. Así que no querías ningún riesgo para tu puesto, nada que lo hiciera peligrar. Era la comida de tu familia, la escuela de tus hijos. Así que, cuando tu capataz vino a hablar contigo, fuiste todo oídos. Te advirtió de que el científico quería cambiar la cadena de producción, amenazar el trabajo de gente de la fábrica. Lo siguiente te parece confuso, como un sueño nublado por nubes oscuras como las de la fábrica. Solo recuerdas tener un martillo en la mano, la cara del científico alterándose, notar cómo algo se rompe… El sonido del motor con el que estabais trabajando te hizo despertar como de una pesadilla. Aun tenías el martillo, ensangrentado, en la mano y Stratton estaba a tus pies con el rostro desencajado. El motor sonaba pero de forma mucho menos violenta de lo que habías oído nunca y no salía ningún gas negro de él, sus engranajes estaban cubiertos de aquel gel con el que habíais estado trabajando. Fue entonces cuando comprendiste: el objetivo del gel era absorber los humos de la fabricación que habían mandado a tantos de tus compañeros al hospital o al cementerio, hacer más… ¿cómo era?... salubre la fábrica. Eso era a lo que se refería con ayudar a la gente de la fábrica el hombre al que acabas de matar. Te preguntas si de verdad lo has matado, pero sabes que sí. No sabes por qué tu capataz quería esto, pero sabes que te ha utilizado y tú se lo has permitido. Y te preguntas qué vas a hacer ahora. Sabes dónde guardaba tu víctima (sí, tu víctima) el gel, pero no sabes cómo lo hacía. También tienes todos sus papeles, pero no sabes leerlos. No tienes idea alguna de qué hacer ahora. ¿Y qué será de tu familia ahora que eres un asesino? Te preguntas qué puedes hacer después de tu error.

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