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Detrás de eso...

05/10/2018

 

 

 

ANTES DE LEER;

DETRÁS DE ESO…

 

  Las cosas que podes llegar a ver, puede ser mentira o no. Pero si querés ver si son verdad, no se te ocurra acercarte a esa cosa que yace en la oscuridad de un árbol.

  No nos tomes como unos mentirosos. Si quieres creernos, transportáte a esta historia. Si no tenés ganas de huir, no creo que tengas ganas de vivir esta historia. Pero lo que debes aprender en realidad con más importancia en esta advertencia

  No se te ocurra acercarte al monstruo desconocido.

 

 

HOY  EN  MI  LIBRO  ESCRIBO  QUE  UN COMPAÑERO  DE  LA  ESCUELA  MURIO.

TODOS  DICEN  QUE  FUE  UN  ACCIDENTE,

PERO  YO  VI  ALGO  MAS.

UNA COSA SE ASOMO DETRÁS DEL ARBOL EN EL QUE BEN MURIO, PARECIA UNA MANO QUE APENAS ESO PUDE VER.

DESPUES EL CUERPO DE BEN DESAPARECIO POR SIEMPRE. DESDE ESE DIA NO QUISE SALIR AL RECREO NUNCA MAS.

Juan.

 

-              No puede ser, mamá. Solo te pido cambiarme de escuela. No es -nada malo. Muchos chicos se cambian de escuela y las mamas los dejan. “Hay, es que siempre soy la mama incomprendida” ¿no? Vivís diciendo esas excusas todo el tiempo solo para que haga las cosas. Y no me vas a decir que no, porque serias la “mama incomprendida mentirosa”. ¿O no?

 

-              Bueno, ¿sabes qué, Juan? ¡Anda caminando! ¡Igual siempre voy a ser mentirosa para vos! ¡Así que andate, no te quiero ver a la cara llamándome así!

 

  Después de la discusión de madre e hijo, cuando la mamá lo llevó a la escuela, Juan estaba asustado por lo que pasó. Seguía mirando para todos lados cada vez que escuchaba un ruido cualquiera. Se sentía confusamente mareado. Las voces de los alumnos lo confundian y sentía nauseas. Parecía que el cerebro tuviera golpes con martillos. Se ahogaba en un mundo de mareo. Como si estuviera en un bote que lo movieran olas. Eso mareaba. Y al mismo tiempo hacia olvidar que estaba en la escuela. Empezaba a sentir que quería vomitar. Pero lo evitaba mientras esté en clases. Era como un licuado de mocos en la garganta

-              Seño. ¿Puedo ir al baño?

  Le dijo a la maestra, ocultando lo terrible que se sentía.

-              No.

  Le dijo con serenidad.

  Pero Juan ya no aguantaba más. Entonces le dijo enseguida;

-              S… seño,,, mmmme siento mal… MMM… ¡¡MUY MAL!!

 

-              ¿Por qué? ¿Qué te pasa?

 

 

-              No sé, me siento mareado.

 

-              ¿Querés que llame a tus papas?

 

-              Si, por favor.

 

  La maestra llamó a los padres de Juan. Pero no contestaron. La seño le dijo si quería quedarse en la dirección. Pero Juan dijo que no. Que iba a ir al recreo para tomar aire fresco.

 Pasaron unas horas. El recreo empezó

-              En serio. Yo vi algo. Era como una mano peluda y gorda, oscura.

-              Tranquilízate. Olvídate de todo eso

 

-              ¿Prensás que estoy loco o qué?

 

-              SIP.

 

-              Dale che. Sos el único que puede creerme. ¿Me vas a dejar de lado? No estoy loco, Pedro. Yo vi algo detrás del árbol. ¿No te parece raro que justo cuando lo vi, Ben había muerto?

 

-              Te hiciste la cabeza. Tonto.

 

-              No puede ser.

 

  El timbre tocó. Todos fueron adentro. Pero Pedro (El amigo de Juan) antes de ir, se tomó exactamente 4 segundos para decirle algo haciéndose el capo para hacerle una burla. Pero cuando Juan se enojó, dijo SOS LO PEOR. Y corrió para entrar primero.

  Pedro hizo una sonrisa maligna pensando en que broma le podía hacer. O que travesura podía hacer el mismo. Entonces se le ocurrió;

-              Voy a acercarme al árbol y mirarlo atrás.

  Todos estaban adentro.

  Después se asustó un poco a ver detrás del árbol porque estaba todo negro y oscuro. Había arañas y mucho pasto viejo. Había trozos de corteza. Era como si estuviera hecho apropósito. Él sabía que ningún ser maligno, ni algún espíritu o fantasma o Freddy Cruegger podía aparecer. Pero sin embargo le daba miedo. Empezó a pensar lo que dijo su fiel amigo. Se sintió un poco triste al dejarlo de lado. Aunque él sabía que no había monstruos, debía ayudar a su amigo. Y encima si le daba miedo ir atrás del árbol al ver su aspecto oscuro y terrorífico. 

  Pero Pedro sabía que nada le iba a pasar. Entonces se dejó llevar acercándose más.                                                                                                                               Cada vez estaba más y más cerca. Mientras más cerca. Más negro se veía todo y menos se escuchaba el ruido de afuera. Hasta que se puso tan cerca que no se veía nada. Ni se escuchaba absolutamente nada. Lo único que se veía era el agujero que llevaba dentro del árbol. Entonces metió la cabeza. Miro para un lado y para otro. Y entonces... Se escuchó una zarpada dentro. Pedro no podía sacar la cabeza. Se calmó un poco al ver que él, había hecho el zarpazo por accidente. Su cabeza estaba atorada dentro del agujero del árbol. No podía ver atrás. Por fin pensó que fue mala idea asomarse. Pensó que se iba a quedar así hasta el recreo o más. Justo cuando se estaba tranquilizando y acostumbrándose a estar atorado, sintió una ligera raspadita en el hombro. Se asustó y  se agito pulmonalmente. Pero empezó a tranquilizarse pensando que podría ser el viento. Pero lo sintió más fuerte que antes. Intentó salir. Pero el zarpazo vino más fuerte que antes que hasta le dolió. Y vino otro que le dolió tanto que casi grita de miedo. Vino otra más que lo hizo sangrar. Vinieron más zarpazos cada vez más fuertes y más y más y 10 veces más que siguieron. Pedro empezó a llorar con angustia cuando siguió otro zarpazo muy fuerte. Vinieron más que le perforaban el cuerpo. Pedro lloro bien fuerte diciendo tartamudamente… PEERRDOOOONNN. Decía llorando con angustia y miedo. Siguió una vez más Y paró. Pedro se agito y respiro fuertemente. Empezó a pedir perdones. Después de un ratito, se tranquilizó y empezó a respirar normal. Se quedó un rato tranquilo. Hasta que escucho un paso atrás. No podía ver nada. Empezó a escuchar ruidos adentro del árbol. Estaba sudando y se sentía muy caliente. Cerró los ojos fuertemente. Los abrió. Empezó a respirar fuerte de nuevo. Y ya no se quiso tranquilizar. Siguió pidiendo por favor, perdón. Y de pronto. Sintió que se le acababa el aire dentro del árbol. Empezó a respirar fuerte. Se ahogaba. Sintió de verdad que se iba a morir por falta de aire. Lloro por aire. Hasta que empezó a respirar más bajo para que no se hiperventile. Esperó un rato para que se tranquilice para que sus pulmones funcionen mejor. Volvió a escuchar un zarpazo. Respiro fuerte de nuevo. Se ahorcó. Por respirar así de nuevo. Paro al escuchar otro zarpazo adentro. Miro para todos los lados que podía. Después trató de no mirar. Se estaba ahogando. Pedía ayuda desesperadamente. Escucho un zarpazo justo donde miraba. Miro al frente y de arriba salió una mano que apenas se notaba por la oscuridad. La piel de la mano se abría como cascaras de naranja que hacia un ruido crujiente. La miro fijamente y aterrorizado y  salió la mano que le cortó la cara. Cerró los ojos. Los abrió y apenas alcanzo a ver la cara de él, antes que saltara y lo mordiera todo haciéndolo sufrir de dolor. Los gritos nadie los escuchaba. Solo Pedro. La sangre nadie la veía. Solo el que lo atacó. Solo se podía escuchar detrás de esa cosa maligna. Detrás del árbol. Detrás de eso. Pedro no paró de llorar arrepintiéndose de haber hecho eso. Pero el extraño lo seguía atacando, arañando y mordiendo al niño. Cuando Pedro quedó muerto, el monstruo gritó como una gato-monstruo furioso y que ese ruido permaneció en la oscuridad. El cuerpo hecho pedazos que le faltaba algunas partes del cuerpo del niño cayó del agujero del árbol. Y lo último que pasó. Fue el monstruo bajando dentro del árbol, mostrando cada vez menos su figura y desapareciendo en la oscuridad que pertenecía a ese terrorífico y horrible árbol.

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