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'Una Abundancia de Peces' Relato de escritora chino-estadounidense S. Qiouyi Lu, traducido del inglés por Emanuel Urrea.

 

 

 

El festival de primavera, antes de que llegaran los peces: Teresa Teng suena en la radio, tarareo la canción mientras cuelgo las decoraciones de papel, las rojas y doradas brillantes contra nuestra pared color crema. Tú estás en la cocina preparando la cena, Nian Gao salteado al estilo de Shanghái, estofado de bacalao con judías verdes sofritas. Los sonidos de fritura y salteado. El agua corriendo por el fregadero que interrumpía la música por momentos, luego, oí tus suaves pisada acercándose hacia a mí.

Cuando me envolviste en tus brazos por detrás, me sumergí en tu abrazo, bajé la decoración que sostenía en mi mano a medida que mi brazo se relajaba. Me acariciaste el cuello y me besaste detrás del oído.

“Xin gan…” murmuraste. Querida. La palabra sonó tan tierna en tus labios, cada sonido tan fluido y resonante. Mis ojos se cerraron suavemente.

“¿Sí?”

“…esa decoración debería estar al revés.”

Mis ojos se abrieron de golpe. No sé leer chino como tú, pero reconozco la forma de los caracteres lo suficiente para entender de qué lado van. Me percato que el carácter 福 en este diamante rojo no esta dado vuelta como debería.

Rodé los ojos. Ambos somos segunda generación, pero tú te preocupas más por estas cosas, por los detalles de nuestra herencia en común. A veces pienso que realmente crees en las supersticiones, que colgar los lingotes de oro nos traerá fortuna, y que la forma en la que se cuelgan las decoraciones realmente importa.

Di vuelta el 福 y lo volví a pegar a la pared.

 

“Ya está. ¿Mejor?”

Voltee a mirarte. A pesar de mi gesto de irritación, mi voz es cálida. Quizás te concentres demasiado en los detalles, pero al fin y al cabo creo que encuentro este gesto más adorable que frustrarte. Tu sonrisa, tus ojos cubiertos por esos arcoíris gemelos que adoro tanto, cuando me besas en la frente, tiemblo y rio.

“Perfecto. Ahora la Fu puede hacer Dao”

Fu Dao, la suerte llegará. Es un juego de palabras, así como el clásico nian nian you yu, “que cada año haya abundancia/peces”*

Te quitas el delantal y me lo das.

“Tengo que correr a la tienda, nos quedamos sin verdeo. ¿Puedes mirar la estufa?

“Claro”

Te vi irte, te despedí con la mirada.

Quemé el pescado. Me entretuve leyendo un libro y para cuando sentí el humo era demasiado tarde. Me sonrojo al decírtelo, las lágrimas me queman los ojos, pero me has perdonado. Salvamos lo que se puede comer. Aun me siento culpable. Nian nian you yu, cada año tenemos más y más, excepto este año claro. Comemos  solo lo justo, y cuando pienso en ello, parte de mi cree que ahí es cuando se nos acabó la suerte.

Durante el octavo día del festival de primavera, los peces llegaron. Caballas del tamaño de autobuses de dos pisos, salían del océano, agitando sus aletas sobredimensionadas por el aire. La mitad lógica de mi cerebro me dice que los peces no son lo suficientemente aerodinámicos para volar, pero estoy viendo las noticias e imágenes en mi computadora que no pueden ser falsas. Recuerdo cuando la gente solía decir que las abejas no deberían ser capaces de volar y, sin embargo, vuelan.

Los peces atacaron la costa primero. Trabajas en Westwood mientras que yo estoy refugiada tierra adentro, en Arcadia. Con la boca abierta y sin pestañear vemos como los peces derriban los rascacielos del centro, incluyendo el que alberga tu oficina. Azotan sus poderosas colas contra el vidrio, contra el metal, estremecen al mundo arrasando edificios enteros y dejando cientos de cuerpos a su paso.

Te escribo frenéticamente, tratando de obtener una respuesta. Las líneas telefónicas están saturadas, un millón de llamadas intentando pasar hacia esta área al mismo tiempo, pero, aun así, tu último mensaje llega a mí. Lagrimas inundan mis ojos cuando leo esas ultimas tres palabras una y otra vez.

Xin’gan, te amo.

Los peces regresaron al océano eventualmente, solo para regresar el año siguiente. Un año si, un año no; nian nian you yu.

Nos adaptamos. Aprendemos a restringir su avance, a alejarlos del centro de las ciudades, a predecir sus movimientos. Siempre llegan en algún momento entre el sexto y el noveno día del festival de primavera, criaturas que también se rigen por alguna especie de calendario lunisolar. No podemos salvar a las personas que ya hemos perdido, pero aun hay tiempo para salvarnos.

En mi dolor, en mi remordimiento, me aferro a las únicas cosas que puedo controlar. Cuelgo las decoraciones de manera correcta, me aseguro de que nuestro departamento, que se siente tan vacío sin ti, este rebosante de rojo y dorado. Nunca volví a quemar el pescado, y siempre me aseguro de que haya de sobra. Durante el Qinming, cuando es hora de limpiar tu tumba, llevo comida e incluyo una porción de caballa salteada. Como una disculpa, quizás, o como venganza personal contra el pez que te quitó la vida.

La suerte me sigue y me mantiene a salvo.

Pero, Xin’gan, te extraño.

 

*Nota del traductor: En chino esta frase presenta un doble significante que se utiliza en forma indistinta y es parte de la cultura china para recibir el año nuevo, el morfema Yu se puede interpretar como “abundancia” o como “peces” ya que suenan igual.

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