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'Las cartas de amor' relato de ciencia ficción de la autora china Peng Simeng traducido por Enmanuel Urrea

 

Continuando con la nueva serie de relatos en otras lenguas traducidos al español por nuestro colaborador Enmanuel Urrea os presentamos esta historia de la mano de la escritora de ciencia ficción china Peng Simeng

 

 

 

La gente dice que cuando el Creador hizo Todo, le dio a cada cosa  un propósito.

Pero el asteroide I121522525121 parece haber quedado fuera de ese gran plan. Este asteroide reside entre dos prosperas galaxias, pero nunca fue establecido como puerto estelar como otros asteroides vecinos. Solo tenía rocas y ningún mineral, solo temperaturas bajo cero y sin atmósfera, solo vendavales aullantes y sin aves cantando. Ni siquiera las naves interestelares de bandidos que escanean el número de identificación del asteroide se molestan en enviar aunque sea una sonda a explorar la superficie.

Desperdigadas por las turbulentas y eternas tormentas de arena en este asteroide sin valor había incontables capsulas. Estas capsulas eran el único rasgo destacable del asteroide. De hecho, eran la causa de la desgracia de muchas personas. En el sistema de posicionamiento interestelar comúnmente utilizado, las coordenadas del asteroide I121522525121 eran excepto por un número idénticas a las del antiguo hogar de la humanidad. En una era en que las personas ingresaban las coordenadas manualmente, incontables naves espaciales enviaron preciosos mensajes en capsulas interestelares que caían en cascada en las estériles tierras del asteroide.

Los mensajes en estas capsulas debían haber viajado a través del espacio y llegado a las ansiosas manos de sus esperanzados receptores, pero en su lugar, languidecen en este cementerio de información. Bailan y se detienen, se detienen y bailan, hasta que un día, cuando el tiempo en sí este en ruinas, ellas seguirán ahí.

Entre estas incontables capsulas hay cuatro que bailan y reposan por la eternidad,  los mensajes a salvo en sus núcleos recubiertos de titanio se reproducen a continuación:

Querida Perséfone,

Siento que debo escribirte esta carta. No lo creerás: Ahora mismo, un magnifico gigante rojo está pasando junto al casco de mi nave, bañando el cuarto de mando con un acogedor tono rojizo. Los variados instrumentos proyectan sombras centelleantes sobre el suelo, donde estoy acostado mirando el techo. Si estuvieras a mi lado, seguramente te enamorarías de esta vista. Incluso la persona que soy ahora aprecia este momento, ya que me recuerda al ocaso del día que deje mi hogar… ese día, me llenaste  de besos tan suavemente que aun los siento cada vez que accedo a mis  sueños.

Ya he estado en esta misión por 142 días, querida, no siempre estoy así de débil y necesitado.

Ya he aterrizado en dieciséis constelaciones consecutivas, he explorado cada planeta que pudiese contener cristales, rocas o minerales, pero solo he encontrado decepción…

En cada puerto estelar libre, escuche a incontables capitanes que ya han atravesado este ciclo de decepciones, me sacaron del bar mientras vociferaban; ¡Todos los minerales ya han sido explotados hasta la última roca! ¡Nadie volverá a encontrar otro planeta rico en minerales de alto grado!

Pero también he conocido excéntricos como yo, personas que siguen navegando con sus naves interplanetarias hasta el más remoto rincón del universo. La esperanza brilla en sus ojos. Comparten sus secretos del oficio conmigo, rutas y trucos para el éxito y los escuche a todos con mucha atención.

Con la esperanza que esos capitanes me dieron, siempre fui capaz de rastrear cualquier tipo de pista. Una galaxia atrás, incluso halle, por primera vez, una veta de mineral masiva y sin desarrollar, ¡que estará completamente formada dentro de solo dos millones de años! Uff… fue una verdadera lástima.

Aun así, esto me demostró que mi método de búsqueda era efectivo. Estaba seguro de que iba a conseguir algo grande y encontraría un planeta rico en minerales muy pronto. Luego podría regresar a casa humildemente con una nave llena de lingotes de oro… Amada, no hay de qué preocuparse, cuando ese día llegue, no me convertiré en una persona arrogante y superficial como otros que han encontrado su fortuna y son ricos de un día para otro, esa gente me da asco.

Aun cuando mis manos estén vacías de momento, este hermoso e ilimitado universo me cautiva y conforta mi corazón impaciente. Siempre he querido navegar las aguas abiertas del universo, incluso desde antes de nacer, podrás imaginar lo emocionado que estoy de estar aquí buscando minerales preciosos.

Desde luego, el destino a veces me cuida la espalda, escape por poco de una tormenta iónica y no me he vuelto a encontrar nada tan peligroso que pudiese hundir mi nave. Así que por favor no temas por mí. Me estoy familiarizando cada vez más con mi nave. Con cada día que pasa, estamos más cerca de ser una sola entidad. También estoy entendiendo cada vez mejor a este océano de estrellas. Desearía que estuvieses a mi lado para ver estos magníficos cuerpos celestes. Te hacen sentir infinitesimalmente pequeño, pero a la vez inspiran tu infinitésima pequeñez.

Amada, puedo decir con seguridad que te llevare una nave llena de tesoros. Sé que no tengo derecho a hacerte esperar de esta manera, por supuesto. En el último puerto libre, me cruce a uno de nuestros amigos en común, Heliconia. Me dijo que aun esperas por mí. ¡Me sentí tan conmovido y agradecido!

Lisa y Kirikou descansan en la cabina de depósito, espero que no descubran que su capitán está llorando sus penas en el piso de la cabina de control o de lo contrario se burlaran de mi, realmente aman burlarse de la gente, esos dos.

Mañana partiremos hacia la galaxia Bach, espero encontrar riquezas ahí. Deséame suerte querida.

Te extraño

Hushan

6 de noviembre, 2802

 

Querida Perséfone

 

No sé cuánto tiempo pasara hasta que recibas esta carta, ¿será durante el anochecer, atardecer o durante una lluvia de meteoritos? Cuando sea que recibas esta carta, por favor confía en que estoy pensando mucho en ti. Acabo de dejar la galaxia Bach donde tuve algo de suerte. ¿Adivina qué? Encontré una veta de mineral. ¡En ese momento, pensé que podía irme ahí mismo para estar a tu lado! Enviamos el mineral al puerto libre más cercano, pero esos malditos graduadores dijeron que el mineral era de mediocre calidad.

Inmediatamente registramos el planeta, vendimos los derechos de explotación minera y ganamos algo de dinero, pero honestamente no fue mucho.

Al mirar mi pequeña cuenta bancaria, pienso: ¿Qué debería hacer? ¿Debería dividir el dinero con Lisa y Kirikou, vender la nave y correr a tus brazos?

No… no puedo hacer eso. No me atrevo a decir que jamás lo he considerado. Nuestro lago verde jade y el pequeño bote, el pequeño bote de madera que remábamos juntos sigue apareciendo en mis sueños. Mis aventuras en el universo me han convencido aun más de que no estaré a la deriva durante mucho más tiempo. El día llegará en que pueda volver a casa a remar contigo  en ese lago verde jade. Ese será  el lugar para mi descanso eterno.

Pero no puedo volver a casa de esta manera, por lo menos no ahora.

Estoy convencido que mi método de hallar minerales esa ahora prueba de idiotas. Solo necesito tener paciencia para que la señorita Suerte me favorezca.

Créeme, voy a volver a tus brazos y te contare sobre mis aventuras. Pero no ahora, definitivamente no ahora. Si volviera ahora, solo me recluiría en el lago, suspiraría todo el día con el peso de la melancolía en mi corazón…

Después de emitir una orden para seguir buscando minerales, restaure mis suministros y parche la nave espacial. Ahora hemos trazado el rumbo hacia la galaxia Berlioz.

Querida, ¿me perdonaras por mi egoísmo?

Hushan

2 de mayo, 2803

 

Mi más querida Perséfone

¡La galaxia Berlioz es el infierno! Pero sigo con vida.

Vientos huracanados, arena amarilla, rayos solares como cuchillos, si no hubiese activado la protección de mi visor a la máxima potencia no hubiese podido abrir mis ojos en absoluto.

Cada noche, tenía que enterrar la nave en la arena para escondernos de las tormentas eléctricas, para luego navegar entre  pantanos de lluvia ácida al amanecer. 

Las personas aquí no eran exactamente amistosas. Uhm, eran insectos casi tan grandes como yo. Cargaron contra mi nave en columnas, sus dientes como serruchos mordisqueaban el exterior de la nave, rakaraka, dejaron una serie de agujeros cuando se fueron. Los insectos nos siguieron de un planeta a otro, ese sonido del mordisqueo penetraba en mis sueños, alejándome del bote en el lago.

Pero el sonido más aterrador no era el que venía de afuera sino el que venía de la interminable discusión dentro de la nave. Insistí en peinar los diez planetas de la galaxia Berlioz, pero como los resultados nos hundían cada vez más en la desesperación, mi plan provoco la desesperanza de mi tripulación. Pero esta clase de estúpido plan es la única manera de asegurarme de que no nos perderíamos de la posibilidad de encontrar algún mineral. ¿Estoy equivocado?

Lisa se fue, finalmente. Ella no creyó que podíamos seguir. No se fue en buenos términos, y ni siquiera le deseamos buen viaje. Si la ves, podrías por favor tomarle la mano y decirle, en esa cálida manera que tienes de decir las cosas, que ya no le guardo rencor. De hecho, estoy agradecido por el tiempo que paso con nosotros en nuestra expedición. Creo que con tu manera de decir las cosas ella entenderá.

Kirikou sigue conmigo. Su valor y persistencia supera mis expectativas. Estamos preparándonos para ir al rincón más oscuro de la galaxia Mahler a probar nuestra suerte. Ese es el lugar con el índice más alto de formación de minerales, ¿Por qué no hemos ido aun? ¿Acaso nos preocupaban los gigantescos monstruos marinos? ¿Qué podría ser peor que los insectos de la galaxia Berlioz?

Estos días, a menudo olvido como eres, así que miro tus fotografías, las miro fijamente a cada una durante un tiempo. La memoria es algo extraño, tu apariencia me resulta algo borrosa, pero siempre recuerdo la calidez de tus besos, la suavidad de manos, la encantadora esencia de tu perfume de rosas. Estas cosas están marcadas en mi memoria, aun imperecederas.

Creo que no pasara mucho tiempo hasta que nos veamos nuevamente. Por favor, por última vez, espera por mi solo un poco más.

Hushan

6 de octubre, 2804

Fennie, Fennie

Hay agua por todos lados. La popa se partió a la mitad y algo sigue martillando el casco. Nuestro destino esta sellado.

Kirikou ha dejado de respirar. ¡Estoy agradecido por su fe en mí! El me apoyo desde el principio hasta el final, hasta el último momento. Respaldo la idea de tener a un androide como yo como su capitán, pero no estuve a la altura de lo que él esperaba de mí. Lo he decidido, mi cuerpo se quedara aquí con él, en descanso eterno.

¿Te arrepientes de haberte enamorado de un androide? ¿Estuve a la altura de tu amor o también te he fallado? Ah… querida, me queda poco tiempo, debo transferir la copia de seguridad de mi conciencia a una capsula. Por favor, colócala en un cuerpo nuevo.

Cuando abras esta carta, habré regresado. Te amo.

Hushan

16 de diciembre, 2832

 

Este es el contenido completo de los núcleos metálicos. Están sellados en perfectas condiciones dentro de esas cuatro capsulas, buscándose una a otra atravesando feroces tormentas en su baile solitario, en silenciosa oscuridad,  soportando interminables vendavales.

Estas cuatro capsulas caen junto a cientos de miles de otras capsulas remolineando en un ambiente lleno de capsulas. Nadie sabe de ellas, y nadie nunca sabrá lo que hay escrito en ellas, lo que está oculto en ellas. Serán arrastradas por el largo río del tiempo. Llegara el día, después de que la última persona capaz de descifrar su contenido haya muerto, en que solo los lúgubres rayos del universo ocasionalmente iluminaran estas capsulas, iluminando cada pequeño rayón en sus superficies de titanio.

Hasta que el río del tiempo las lleve hasta el mismísimo final.

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