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Relato : Rara Avis'


Varela fue expulsado de los Maquinadores, grupo poético–insurgente que creó semanas después de llegar a Buenos Aires. Ocurrió en una mañana invernal del 2054, cuando despertó con el timbre synthwave del teléfono holográfico dejado a su izquierda, sobre un velador de plástico. Tomó el aparato, leyó el mensaje, saltó del catre metálico, descorrió las persianas verticales y contempló los edificios brutalistas. Se puso el traje de fibra sintética, guardó el teléfono en un bolsillo frontal, salió del departamento, bajó por el ascensor panorámico y en la recepción, tropezó con Xenia, la dueña de la pensión. La mujer le exigió el pago atrasado del mes, por enésima oportunidad. Varela hurgó en el bolsillo frontal del traje y sacó una tarjeta desechable, con un código dactilar en uno de sus costados. —Doña Xenia, le aviso que hoy me iré. Este es mi último pago —dijo Varela, entregándole la tarjeta con rapidez. Antes de que la mujer contestase, Varela cruzó la recepción e inhaló el olor a hidrocarburo de las avenidas bonaerenses. Escrutó a los turistas chinos, mexicanos e hindúes que sacaban fotografías a catedrales clausuradas, museos futbolísticos y a los indigentes, dormidos en los bancos de las plazoletas. Varela aceleró el paso, rumbo a la estación de subte levitante más cercana. Allí tropezó con hombres de rostro tatuado y mujeres de pelo multicolor, tal como dictaba la moda. Sorteó el escáner de rostro, ingresó a un subte colmado y en nueve minutos, llegó al aeropuerto de Ezeiza. Varela descubrió que el aeropuerto de Ezeiza se hallaba repleto de turistas multirraciales. Respiró profundo, ingresó sus datos personales en un computador táctil instalado en un pasillo repleto de anuncios OLED y compró pasaje en la aerolínea más barata que encontró. Se ubicó en una fila extensa y notó que detrás de él, un hombre alto, de barba blanca y vestido con una chaqueta de Gore-Tex, charlaba a través de un smartphone arcaico. Dejó de examinar al hombre y observó la pista de rodaje mientras avanzaba la fila. Al rato, Varela franqueó el detector de comportamiento predictivo y subió a un avión conformado por dos fuselajes acoplados. Gracias a la pantalla de alta resolución en las pared