sicifinews logo.jpg
logo camarote.jpg
BANER HORIZONTAL.jpg

Hijos de la carne


La vida se componía de luces y sombras, una danza continua de tonos grises. Eso era antes, cuando los hijos de la carne vivían aquí. Nosotros, de cuerpo delgado y metálico, nos regimos por un simple valor: ser apto o nulo. Blanco o negro. Obedecemos las órdenes de su máxima creación y aguardamos su regreso.

Todo debía cambiar. Por eso empuñé este revólver, que representa la barbarie humana, construido a partir de viejas piezas de herramientas.

Si regresasen y decidiesen quedarse nuestra rutina se volvería un arcoíris de múltiples tonalidades grises, que daría paso a una vida mejor. Al menos para ellos.

Desconecté mi cuerpo del soporte que me alimentaba y comprobé que el revólver estaba correctamente cargado. Imaginé un alma ligada a cada una de las balas, una vida que un hijo de la carne había arrebato a uno de sus semejantes.

Abandoné mi cubículo y caminé por la ciudad, entre los míos. Me detuve a contemplar el mundo sin futuro que habitamos. Las nubes tóxicas son despojos de un tiempo anterior y apenas dejan que el brillo del sol caliente nuestros cuerpos. Ese es el motivo por el que todos los cultivos están protegidos por invernaderos dotados de potentes filtros de aire, además de múltiples medidas para combatir la contaminación y para amplificar la luz solar.